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El revés de la trama: o de cómo nació y se gestó el libro
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Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura por Adrián Ferrero (Editor)

Por Adrián Ferrero

Los motivos por los cuales tomé la decisión de elaborar la antología Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura, fueron bastante azarosos y sería muy largo exponerlos. Por otra parte, poco tienen que ver con el proyecto. Lo que sí me gustaría decir es que se trata de un libro que, en ocasión de ese motivo azaroso, sale de otro libro, sin habérselo propuesto. Me explicaré. Los académicos Sylvia Molloy (también escritora) y Mariano Siskind, de la New York University (EE.UU, claro está), realizaron con el auspicio de instituciones diplomáticas, un encuentro de escritores argentinos durante el año 2005, en el cual intervinieron con ponencias poetas, narradores, ensayistas (algunos de ellos además traductores, periodistas culturales, académicos, cineastas)(1) exiliados o expatriados residentes en el extranjero. Otros que lo habían estado y habían regresado a la Argentina. Otros de existencia trashumante, sin domicilio estable de radicación y, por último, algunos que eran habitantes de Argentina sin haberse movido de su patria más que esporádicamente, signados a lo sumo por viajes de estudio académico, giras o estancias vinculados a su labor literaria o, quizás, de turismo. Dentro de ese amplio panorama, Molloy y Siskind, en carácter de organizadores, planificaron unas pocas jornadas durante las cuales los mencionados autores leyeron sus ponencias, se escucharon, discutieron los unos con los otros, polemizaron y tuvieron oportunidad de dialogar con un público atento, sobre los contenidos de sus trabajos. Se detonaban a partir de esta selección de corpus numerosos interrogantes, no todos con solución, que Molloy y Siskind (eds.), realmente en un modelo de Presentación, en su libro Poéticas de la distancia. Adentro y afuera de la literatura argentina, (Editorial Norma, 2006), procediendo a compilar las ponencias, se apresuraban a poner sobre la mesa. ¿Qué ocurría con los desplazamientos de los autores, la desterritorialización de sus vidas en términos de traslados (precarios o no) pero también de sus propias escrituras, su corrimiento respecto del corpus en relación con la nación literaria? ¿Qué sucedía con los que, sin moverse de su país, podían sentirse "fuera de lugar", desplazados en otro sentido, con su poética por fuera de las líneas hegemónicas que contorneaban el mapa literario argentino en forma, en ese caso, expulsiva? ¿Era el habitar por fuera del país sinónimo de no pertenecer a la "literatura argentina" o viceversa? Los residentes incómodos eran lo que ellos denominaban "los alienados", los que sin haberse movido de su país, por angustia de emoción, de exclusión o de enrarecimiento estaban o podían sentirse o sentir incomodidad dentro de su propia identidad literaria vernácula. ¿Qué acontecía en el caso de escritores migrantes, que no pertenecían ni aquí ni a allá y que publicaban en todo el mundo libros o traducciones, o incluso trabajaban afuera, moviéndose de modo flotante? Armar y desarmar tradiciones, desarreglar mapas, trazar hipótesis, instalar más preguntas -de las que ya el encuentro proponía, que no eran pocas- fue la consigna de lectura de las ponencias y de la conversación apasionada del controvertido evento. Por añadidura, como señala Molloy con acierto, había una hermandad entre todos ellos, una "ansiedad", que era -o podría ser en muchos casos- altamente productiva a la hora de pensarse en el seno de una comunidad nacional de modo conflictivo, difícil, y, por traslación, en el de un inquietante coloquio de estas características. También, por supuesto, y en primer lugar, a la hora de sentarse a escribir, el punto culminante, de verdadera inflexión, de toda vida de escritor. Lecturas, relecturas, reflexiones, autorreflexiones, esclarecimientos acerca del existir, el vivir en movimiento y el escribir, como menciona el Dr. Saúl Sosnowski en la Presentación de este libro, sin pensarse, en algunos casos, fuera de la propia piel.

Todos tenían un origen en común: eran argentinos. Ese es un punto en el que vale la pena insistir y detenerse. O, en todo caso, volver a él. Es, como quien dice, indiscutible y es la punta del ovillo a partir de la cual articular varias o la mayoría de las preguntas que rondaban el encuentro. ¿Es posible llevar "la argentinidad" a cuestas? ¿Se la puede no portar estando en su seno? Siguiendo la propuesta de estas premisas teóricas o, en todo caso, la propuesta de interrogantes e inquietudes que sembró en mí Poéticas de la distancia. Adentro y afuera de la literatura argentina, fue que empecé a cavilar acerca de cómo se escribe desde múltiples espacios y voces y hasta dónde se puede llegar escribiendo o, al revés, se puede partir escribiendo. También en el marco de distintos contextos de escritura. Y en ese momento me senté yo mismo, de modo desplazado, a armar, como un rompecabezas, mi propia antología.

Quería que fuera temática, esto es, un recorte de corpus ligado a un eje singular, no a cualquier eje. Ahora bien: el perfil del que estaría formada esa antología era, en el primer momento, un verdadero enigma. Una vez desentrañado ese enigma, lo que suscitó debates que debí resolver y algunos azares, también fue determinante el encuentro feliz con algunos textos que me impulsaron hacia nuevas preguntas y me lanzaron hacia nuevos escritores y tras la pistas de fascinantes textos. Y allí, en ese preciso momento, supe hacia dónde me iba a dirigir.

Convoqué lenta y trabajosamente a los autores y acudí a los que manifestaban tener ese perfil y también un interés suficiente para sumarse a esta iniciativa. Les envié primero mi Prólogo (en un estado bastante embrionario, dicho sea de paso).Y ese Prólogo, me gustaría enfatizarlo, fue preliminar a todo el armado de la selección de textos. Ellos, radicados en Argentina, Francia, Italia, España y EE.UU. (refiriéndome en este caso al presentador), fueron, por estricto orden alfabético: Diana Amiama, María Elena Aramburú, Eduardo Berti, Carolina Bruck, Rosalba Campra, Gabriela Casalins, Ulises Cremonte, Juan Bautista Duizeide, Graciela Falbo, María Laura Fernández Berro, Mempo Giardinelli, Mario Goloboff, Angélica Gorodischer, Liliana Heer, Sylvia Iparraguirre, Noé Jitrik (en entrevista y textos), Nelson Mallach, Analía, Martinoia, María Martoccia, Tununa Mercado, María Negroni, Ricardo Piglia (en entrevista), Reina Roffé, Paula Tomassoni y Aurora Venturini

Tuve en claro, también, que no se trataría de un libro para autores porteños hecho por autores porteños. Estaba ya cansado de ese atropello que tampoco pretendía confundir, y eso quisiera dejarlo completamente claro, con una ya histórica e inútil batalla campal entre Buenos Aires versus interior del país ni cosmopolitismo versus folklorismo o color local. O, centro versus periferia. Tampoco un libro hecho por escritores platenses para lectores platenses. En todo caso, sí, de migraciones de escrituras, localizaciones cerca de mercados o centros culturales, irradiación de conocimiento y espacios, desplazamientos de estéticas, matizaciones, siguiendo el eje de un libro que procuraba desterrizorializar fronteras. También dejé que algunos de los compases del libro se fueran armando solos, sin una intervención más que sucinta.

El término "desplazamientos", como categoría me conquistó de inmediato. Habla o, en todo caso, puede hacerse oír, de muchas maneras. Los escritores del libro de Molloy y Siskind (incluso ellos mismos) volvían a él, desde múltiples ángulos, una y otra vez, desde múltiples voces también, quizás sin escucharse o sin saberse escuchados o, quizás sí, lo ignoro. Pero para mí, que era un lector muy susceptible de capturar esa palabra que transversalmente atravesaba todo el libro, sería la clave de bóveda para el futuro: la llave para ingresar a la antología que preparaba. Hay desplazamientos en el tiempo, en los espacios, en la imaginación (temporal y espacial), en las biografías de cada uno, de lengua a lengua (como en toda traducción), en la misma lengua, en la misma escritura y en la misma lectura, en la memoria que evoca, y en la mente que se proyecta, en los retornos... Muchos de ellos pueden ser dolorosos, o incluso inducir al asombro y la felicidad (en el mejor de los casos) o la alarma y el pánico (en el peor de ellos). Luego, leyendo y releyendo nuestro libro, me topé en varias oportunidades y en diversos contextos con la palabra "desplazamiento" o "desplazamientos" (o con alguno de sus sinónimos) en los textos literarios. Lo que me dio que pensar acerca del libro (del nuestro y del que lo disparó), algunas claves acerca de su coherencia interna (que adiviné en un punto podía llegar a tenerla), y acerca de la biografía y la obra de los autores elegidos. Algo había tenido lugar entre ese primer libro, el de Molloy y Siskind y este otro, del que participaban otros autores y otro tipo de textos, y mi mediación entre ambos. Una ingeniería modesta, sin pretensiones, pero que trazando un puente entre escrituras, quizás también lo había hecho entre sentidos.

4 de abril de 2016

 

(1) Ellos fueron: María Negroni, Marcelo Cohen, Diana Bellessi, Edgardo Cozarinsky, Mercedes Roffé, Alicia Borinsky, Sergio Chejfec, Luisa Futoransky, Martín Kohan, Luisa Valenzuela, Tamara Kamenszain y Alan Pauls. Sigo en este caso el orden que dispusieron en la compilación los editores.