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Panamá
calloni

Pequeña Hiroshima

Stella Calloni

A Panamá, mi país, lo dejaron solo. Fue en la noche del 19 al 20 de diciembre. Nos dejaron solos frente a la impunidad de la mayor potencia del mundo. Y luego han continuado dejándonos solos, mientras las tropas extranjeras de ocupación transitan por las calles de nuestras ciudades y en nuestras aldeas. Es una pesadumbre en el corazón, como si estuviera anocheciendo irremediablemente y para siempre. Esa oscura noche del alma de la que habla un santo. Pero nadie quiere saber lo que nos sucede en un paisito pequeño y tropical. Patrullas y tanques en nuestras calles, extranjeros señalándote con un dedo lo que debes hacer. Esto es Panamá ahora, este dolor indescriptible en el pecho, esta impotencia que nos devora día a día. Nadie sabe exactamente cuántos fueron los muertos que tuvimos en la invasión del 20 de diciembre de 1989, porque los enterraron en unas dantescas fosas comunes, sin contarlos siquiera. Y sin saber tampoco que estaban cavando un monumento profundo a la nacionalidad panameña. Allí, en el fondo, con esos muertos, creo estar yo (…) Pienso con orgullo en este pueblo dejado solo que desafía a un ejército de ocupación, a este pueblo que muestra sus banderas como el humillado muestra al otro, al que humilla, los dientes apretados y los brazos en alto. Panamá, merece vivir. Y para que eso pueda ser, es necesaria la solidaridad y por lo tanto la verdad. De eso trata este libro de Stella.
Y la verdad contada con amor son muchas verdades.

José de Jesús Martínez (1929 – 1991)